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Como podéis observar en las fotos, no solo las tortugas sufren el acoso insostenible que la bahía del Puertito está sufriendo. Este pobre joven ejemplar de Obispo, Pteromylaeus bovinus, lo ha sufrido en sus propias carnes al toparse con uno de los "tantos" anzuelos que flotan en esas aguas. Unas aguas que si las dejaran un poco tranquilas demostrarían en muy poco tiempo lo que es capaz de hacer el mar y de las riquezas que nos puede dar. Este ejemplar, tras pelear con el nylon consiguió romperlo y salir de la zona con un souvenir clavado en su piel. No pudimos hacer nada más y como consejo, no os recomiendo intentar tocar a un animal en estas condiciones pues podríais recibir parte de su estres. No es buena idea.







